Con Sentido

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Ya no, hijos sin padre

Rosita fue una jovencita muy querida por todos, que a temprana edad conoció a quien es el padre de sus pequeños hijos, Pepe y Cinthia respectivamente, sin embargo su matrimonio no llegó muy lejos porque después de seis años vino la separación por la falta de entendimiento, y además se dio cuenta que su entonces esposo se veía a escondidas con otra persona, todo ello fue desgastando la relación de manera que ya no se dieron las condiciones para rescatar a la joven familia. Se llegó la hora de la despedida que para Pepe y Cinthia significaba una muy mala experiencia y un futuro incierto.

La pequeña hija se aferraba a su papá suplicándole que no se fuera. Son de esas cosas que cuando se es niño no se entienden sólo se deja uno llevar por los impulsos, las emociones y por supuesto por el cariño especial que se gesta entre padres e hijos. Los arreglos entre adultos no son comprensibles a una mentalidad infantil, no se alcanza a dimensionar lo que hay de fondo frente a una separación de esta naturaleza.

Y Rosita solo observa abrazada a su hijo lo que nunca imaginó pudiera suceder, cayendo sobre sus mejillas algunas lágrimas y sujetando con mucha fuerza a Pepe quien de espaldas a su padre cerraba sus ojos para no registrar esa página en su historia. Figurando una mujer sin esposo y unos hijos sin Padre.

Rosita formó parte de una familia muy unida, su madre con casi setenta años y su papá de setenta y dos, siempre contó con el apoyo de todos, nada tuvo qué reprochar a sus padres porque estuvieron al pendiente de sus necesidades y como era la más chica de cinco hermanos, su papá le tuvo un afecto muy especial, siempre que llegaba del trabajo la sentaba sobre sus piernas, sacaba de entre sus ropas algún regalo para su querida niña, y no había día en que no le manifestara cuánto la quería. Esa relación tan profunda le ayudó mucho para superar la mala experiencia que vivió con el padre de sus hijos.

Una tarde, Rosita llegó de su trabajo y mamá le ofreció de comer, pero se sentía tan cansada que entró a su cuarto tomada de su brazo, se recostó en la cama pero con grandes dificultades para conciliar el sueño. Además, con fuertes dolores en su cuerpo. Al día siguiente ya no se presentó a su trabajo y fue necesario llevarla a atención médica y luego de varios estudios el diagnóstico fue de cáncer en la sangre y que no soportó más que tres meses. Fue un proceso de enfermedad muy

lamentable y sufrida para sus más cercanos. Sus hijos Pepe y Cinthia no solo se quedaron sin padre, ahora sin Rosita.

Los médicos entregaron a Rosita a su familia puesto que ya no había nada que hacer, aún consciente llegó a su casa y le pidió a su padre la sentara sobre sus piernas como cuando tenía ocho años y le dijera al oído: “te quiero mucho mi niña”. Era en los brazos de papá el lugar donde siempre se sintió segura, y en cuanto escuchó esas palabras se pudo despedir en paz.

Qué importante es la figura del padre en la vida de los hijos, y más cuando existe toda la voluntad por parte del mismo para acompañarlos en todo su proceso de crecimiento. El amor de padre es indispensable e insustituible para darles seguridad y confianza a los hijos frente a lo que la vida les va presentando.

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