Trazos y Sombras

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Politizado y prostituido el tema de la inseguridad

Las versiones que circularon este viernes respecto a un presunto atentado en contra del Procurador General de Justicia en el Estado, Federico Garza Herrera, y que por fortuna luego se fueron diluyendo conforme pasaron las horas, generaron reacciones en cadena y motivos suficientes para encender los focos rojos.

El hecho de que los disparos se hicieran contra un escolta de la PGJE, a un vehículo oficial de la dependencia encargada de la procuración de la justicia, causa confusión, suspicacias y más temor del que ya existe. Y es que no es un asunto de poca importancia. Desde hace varias semanas han aparecido mantas con mensajes de advertencia hacia algunos jefes policiacos.

Lo inadmisible, es que las propias autoridades habían negado por sistema o consigna la incursión de grupos delincuenciales en la entidad, y no fue sino hasta que el propio Director de la Policía Ministerial, José Guadalupe Castillo Celestino no solamente admitió su existencia, sino que aceptó ser víctima de los amagos y ataques a las corporaciones, a sus elementos y a los jefes policiales.

De que la delincuencia organizada está presente en todo el estado y actúa en sus diferentes modalidades y formas de organización ya nadie lo pone en duda. La cifra de muertos, asaltos, secuestros, levantones, robos con violencia y extorsiones son parte de esa rara normalidad que tiene una entidad como la nuestra que cotidianamente es presa del miedo y el terror.

Lo que tal vez sea muy cierto, es que solo los jefes policiacos saben qué es lo que está sucediendo realmente en San Luis Potosí. Hay quienes afirman que varios de ellos podrían ser parte de los grupos criminales. Otros, simplemente mencionan que algunos están coludidos o controlados; pero lo cierto es que nadie se atreve a denunciar o hablar de frente.

Alguien que toda su vida ha sido policía, como Lupe Castillo Celestino, o alguien como el General Arturo Gutiérrez, que fue Comandante de la XII Zona Militar, es innegable que están bien documentados y con certeza enterados de lo que ocurre. Conocen quiénes son y cómo trabajan en la entidad, saben de dónde vienen y como se mueven; es imposible o increíble que no lo sepan, a pesar de una recomposición y relocalización en las filas y mandos del crimen organizado.

Quizá lo más lamentable y desafortunado es que el tema de la inseguridad ya mucho se ha politizado y la han prostituido. Hay vivales que se empecinan en la salida del General y poco hablan o dicen de otros estructuras menores o semejantes, que igual no han dado resultados en el combate a la delincuencia. Otros, algunos intelectualoides de café se esfuerzan en distorsionar las cosas tratando de endilgar todos los males de la inseguridad al gobierno de la ciudad.

Todos sus argumentos, muy pendejos, por cierto, tienen el tufo de un discurso anticipado de campaña para tratar de desprestigiar al adversario, a un discurso que suena hueco, sin sustento y con una descomunal sed de venganza política, pues ahora resulta que los secuestros, levantones, asesinatos, extorsiones y asaltos con violencia son obra y gracia de los gallardistas porque según las estadísticas son más recurrentes en la zona metropolitana, ¡vaya estupidez!

ENTRE SOMBRAS

Muy numerosa fue la delegación que representó a los priistas potosinos en las distintas sedes donde se revisan, se analizan y se discuten las grandes y profundas reformas que requiere el PRI para vida de reproducir sus condiciones de existencia. De su asamblea nacional, el PRI saldrá bien fortalecido, con vientos de cambio y dispuesto a conservar su hegemonía.

Se habla de los muchos que asistieron a las entidades donde se desarrollaron las principales temáticas, pero poco se ha dicho del potosino que impulso la principal reforma estatutaria que elimina el candado de militancia obligada de 10 años para ser candidato a la presidencia de la República.

El promotor de esta adecuación al estatuto priista fue nada menos que el único precandidato en 2015 que no levanto la mano a Juan Manuel Carreras, o sea, el Huasteco José Ramón Martell que hoy juega en las grandes ligas con la expectativa de que su gallo, José Antonio Meade sea el bueno para Los Pinoles.

José Ramón es un político bien cuajado y es en este momento el potosino mejor posicionado en el contexto del priismo nacional. Ciertamente pertenece a la vieja dinastía pero es un hombre visionario, con mira de altura, aunque también un político con prolongados resabios, de modo que, a más de tres, se les atravesará para espinarles el camino hacia el Senado, ya lo verán.